Oficio

Hoy he tenido una breve conversación a través de Twitter con unos colegas, al hilo de la nueva reforma laboral que nos regalará el Consejo de Ministros. Ante la impotencia de ver cómo las condiciones de trabajo se deterioran cada vez más, la conversación pronto derivó hacia nuestra profesión, vapuleada como la que más y siempre dispuesta a introducir todas las variables posibles para que el periodista rinda lo máximo con las mínimas garantías salariales. Porque en esto de los medios, el euro manda por encima de todas las cosas.

Acostumbrados a vivir sin horarios, los periodistas hacen de su lugar de trabajo una trinchera. Desde ahí bregan con comunicados, ruedas de prensa, declaraciones sobre temas que más a menudo de lo que debieran están vacíos de significado. Nadie que no haya tenido una grabadora en la mano podrá entender la desidia que te invade cuando estás registrando las palabras de un secretario provincial o un consejero hablando de “sinergias”, “la importancia de este sector estratégico”, “sostenibilidad” o “herramientas para combatir la actual coyuntura económica”, por poner algunos ejemplos.

¿Por qué nos convertimos en altavoces de semejante palabrería? ¿Qué aporta este tipo de discurso, a nosotros como profesionales y a la sociedad como destinatarios de nuestro trabajo? Absolutamente nada. Como mucho, servirá para alimentar la retórica huera del rival político de turno, que a su vez empleará su resobado y más que escuálido arsenal retórico para contestar en los mismos términos.

Muchos de nosotros trabajamos o hemos trabajado para pequeñas empresas. Nada de grandes conglomerados mediáticos enredados en los entresijos del poder y los grupos de presión; simplemente, emisoras o publicaciones que sobreviven a base de subvenciones y favores disfrazados de publicidad. Y para mantener la rueda girando, esto es, para llenar la página o la pieza, no hay más remedio que usar estas noticias que no son tales. ¿No le gustaría mucho más al lector, al oyente o al espectador saber de historias cercanas, curiosas, hermosas, tiernas, heroicas, tristes o indignantes? ¿Y no sería mucho más satisfactorio para el periodista emplearse a fondo en estos temas, aun a costa de dedicarles más horas de trabajo? Indudablemente, sí. Muchos alegarán lo fácil que es decir esto pero lo difícil que resulta llevarlo a cabo cuando diariamente tienes que sacar adelante un informativo, o simplemente intentar seguir viviendo de tu trabajo. Pero (y esto es un síntoma de que algo no funciona) no son pocos los compañeros que terminan desengañados y dedicándose a otra cosa para la que con seguridad no están ni tan motivados ni tan preparados. Porque encima, está mal pagado. Siempre habrá alguien más joven, con menos experiencia, que pueda trabajar más barato aunque sea a costa de la calidad. ¿Qué más da si la noticia está peor redactada o ni siquiera bien enfocada? La cosa es salir del paso, rellenar como sea y p’alante.

Yo quiero pensar que hay futuro para los periodistas. Pero desde el periodismo, no desde el negocio o desde la óptica del empresario. Porque aunque todos tenemos que comer, y los más aspiramos a vivir de una manera más o menos decente, un oficio cuya razón de ser es el servicio público y el control del poder no puede servir a intereses económicos o políticos. Así de simple.

Creo que somos nosotros quienes tenemos que empezar a cambiar las cosas. Intentarlo, al menos. Mantener libertad e independencia, en la medida de nuestras posibilidades y aptitudes. No alimentar la máquina de picar carne en que se han convertido los medios de comunicación, hasta los más pequeños; buscar caminos y salidas alternativas aprovechando esta increíble cantidad de recursos tecnológicos al alcance de nuestra mano, algo inimaginable para las generaciones anteriores. Recordar por qué nos hicimos periodistas, y buscar las historias que nos ayuden a serlo.

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One thought on “Oficio

  1. Estoy totalmente de acuerdo contigo, Encarni. Aunque participo como mero observador (no soy periodista) sí que es evidente la manipulación que se hace de los medios. Detesto esos discursos vacíos de contenido, y ni que decir tiene las falsas ruedas de prensa, en las que no se permite hacer preguntas o en las que, directamente, no hay periodistas.
    Y es que si los periodistas contarais la verdad, “ellos” perderían el control, no lo olvides!!!

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