Huelga

Hoy el tema es obligado. Huelga general, la séptima de nuestra democracia. El flujo de información es constante desde primera hora de la mañana, abrumador casi: los medios tradicionales, los digitales, las redes sociales… Pasan tantas cosas, al mismo tiempo y en tantos lugares que no da tiempo a seguir el ritmo. Por eso yo esta mañana me he colgado la cámara al hombro y me he ido a dar una vuelta por las calles de mi pueblo. Aparte de los porcentajes que me den los informativos quería echar un vistazo de primera mano.

Eran poco más de las 10, hora de apertura para la mayoría de comercios. Ya antes, desde mi casa, había escuchado pasar coches de sindicalistas (supongo), pitando y con megafonía invitando a unirse al paro; y poco ruido de tráfico, en general, para lo que suele oírse a esas horas del día. Mi paseo comenzó por calles casi vacías, apenas un par de ancianas con sus carritos de la compra y algunas mujeres que volvían de su cita diaria con el ejercicio escuchando música en auriculares.

Muchas tiendas cerradas, la gran mayoría, hasta llegar a la Plaza de Abastos. Allí permanecían bajados los cierres de la zona de pescadería, mientras que en el resto de puestos había de todo: algunos cerrados y otros (los más, alrededor de un 60 por ciento) abiertos. Siguiendo hacia la zona comercial se veían cada vez más tiendas que abrían sus puertas; los grandes supermercados, que el otro día alguien comentaba que seguramente cerrarían “para quitarse de problemas”, también funcionaban con normalidad. Por cierto, una excusa interesante ésta (la de los supuestos “problemas”) que no llego a comprender en un pueblo como el mío, donde dudo mucho que alguien sufriera destrozos por abrir su negocio.

En pleno centro había varias tiendas cerradas, pero creo que se debía más a lo temprano de la hora que a un seguimiento real del paro. Un par de pegatinas en escaparates, y poco más. Los bancos, por supuesto, abiertos. Sí es cierto que había poco movimiento de gente comprando o haciendo gestiones, no sé nuevamente si porque apenas eran las 11 de la mañana o por un impacto real de la huelga.

Me confieso incapaz de ofrecer un porcentaje de seguimiento (aunque no creo que sea tan bajo como indica algún medio local que sí se tira a la piscina); sólo puedo aportar una percepción personal y por tanto muy subjetiva: poco tráfico -bastante, bastante escaso, al menos donde vivo-, menos gente de compras y tranquilidad absoluta en todos los sentidos con una especie de ambiente de “domingo de diario”, si se me admite el oxímoron. Mucha basura en los contenedores de las calles más periféricas; se ve que los servicios mínimos se centran en el centro, valga la redundancia. Y muchísimos locales a oscuras, pero no solo por la huelga sino también por los cada vez más frecuentes cierres de negocios que apenas despuntan cuando ya tienen que desistir de seguir intentándolo.

Por eso no puedo evitar preguntarme qué nos pasa, cuando tras estos años de crisis, cierres, despidos, subidas de horas y bajadas de sueldos no somos capaces de plantarnos todos a una. Trabajadores, autónomos y emprendedores, desempleados incluso. ¿Que no es el momento y tuvo que hacerse antes? Eso creo, pero no lo veo un motivo para invalidar lo justo de una protesta que considero necesaria ante un retroceso en los derechos del trabajador y un empobrecimiento progresivo de prácticamente todos nuestros bolsillos. ¿Que está politizada? Un argumento fácil y demagógico para rechazar cualquier postura con la que no se comulga.

¿Dónde está la España que admiraba a los griegos cuando se lanzaban a la calle, a la huelga, cada vez que tocaban su sistema de bienestar? ¿Dónde los que se miraban en el espejo islandés, capaz de procesar a sus gobernantes por una mala gestión de la crisis? No lo sé, porque cuando llega la hora de hacer algo, por pequeño que sea, nos “quitamos de problemas” y nos sacudimos el polvo de los zapatos sin mirar atrás.

Por cierto, una anécdota: el porcentaje de seguimiento de la huelga ha sido masivo en las panaderías de barrio. Al menos, todas por las que he pasado estaban cerradas. ¿Tendrá que ver algo el desgarrador documento sonoro que difundían ayer los Perros Callejeros?

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