Desobediencia

Si cada vez que un político, sea del partido que sea, acude a un acto para soltar una manida retahíla de tópicos que no significan nada o -aún peor- hacer propaganda de sus propias ideas enmascarándolas bajo un fino barniz de “interés general”;  si cada vez que esto sucede, digo, todos nos pusiéramos en pie e hiciéramos uso de nuestra libertad de expresión creo que este país sería muy distinto del que hoy es:

José Ignacio Wert suspende una conferencia ante las protestas de cientos de jóvenes.

Sin embargo, esto sucede poco. Tan poco que cuando ocurre sale en los telediarios. Menos mal que todavía nos quedan los universitarios (aunque por poco tiempo, al menos los que estudian en la pública).

Por cierto, que este señor (Wert) tiene todo el cinismo de aprovechar la circunstancia para decir que este hecho sólo constata “la necesidad de una reforma educativa importante porque la educación consiste en una formación integral que incluye el valor de la tolerancia, el respeto, el principio al argumento (sic) por encima del grito o la descalificación”. Es decir, para justificar una reforma unánimemente rechazada desde todos los frentes:

Los partidos de la oposición.

El ex director general de la Unesco.

Cataluña y otras muchas comunidades autónomas:

Estudiantes, maestros y padres (hasta el punto de haber provocado la primera huelga de padres de toda la democracia).

Los sindicatos.

Los toros de lidia (si pudieran hablar, lo harían por alusiones).

En otras ocasiones los ciudadanos, más que hartos, han lanzado huevos a los políticos:

Estamos habituados a ver actos de tomas de posesión, inauguraciones y otras zarandajas que sólo interesan a los políticos ávidos de foto y a los medios deseosos de rellenar páginas. En Granada este año les salió el tiro por la culata:

Vivimos en un supuesto Estado de derecho en el que se indulta a criminales sin más refrendo que el de su ideología, en el que delincuentes convictos siguen ganando (y desviando a paraísos fiscales) dinero merced a los contactos hechos durante su desempeño de cargos públicos, en el que se desvirtúa el valor de la democracia con un sistema electoral injusto que lo convierte de facto en una dictadura al servicio de la mayoría absoluta.

Por eso propongo que cada vez que tengamos la oportunidad de acudir a uno de estos actos públicos de autobombo y retórica hueca, cínica, por parte de nuestros gestores públicos aprovechemos la ocasión: hablemos, gritemos, discrepemos. Hagámosles incómoda su presencia. Que se les quiten las ganas de hacerse la foto. Que se les amargue la caña del cáterin. Que cada vez se piensen más las convocatorias de prensa. Que empiecen a pensarse si les merece la pena “todo el follón” total, por hacer unos contactos y montarse sus chanchullos. Que, de una puñetera vez, empecemos a tener los políticos que nos merecemos y que podamos estar orgullosos de ellos.

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2 thoughts on “Desobediencia

  1. Lo habré dicho mil veces, pero lo repito una más: los políticos son nuestros empleados, nosotros les pagamos el sueldo. Eso, que a primera vista parece tan sencillo de entender, se les olvida con una frecuencia escandalosa.

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