Un pequeño cuento

Érase una vez una empresa especializada en estudios de mercado que había recibido el encargo de realizar una investigación sobre el mundo del deporte, más concretamente sobre fútbol. El trabajo de campo necesario incluía encuestas personales que habrían de realizarse en eventos deportivos de la capital española (es decir, Madrid, que hay que decirlo todo).

La empresa a la que se le había encargado (o adjudicado, eso no queda muy claro en esta historia) el estudio, estaba encantada. Trabajaría para un cliente de gran prestigio internacional en el mundo del deporte, en un proyecto de investigación que además sería un estudio pionero donde se emplearían nuevas tecnologías de recogida de datos.

Por supuesto, un trabajo de este calibre tiene unos costes. El cliente le pagaría 150.000 euros, un precio alto pero sin duda adecuado al alto nivel de calidad exigido. Una vez cerrado el contrato alguien en la empresa empezó a pensar.

Y pensó que no estaría mal ajustar los costes, de manera que si de esos 150.000 euros se emplearan sólo los estrictamente necesarios en la elaboración del estudio (nada de lujos), todo lo que sobrara de más podría reinvertirse en la empresa. Tal vez en unas primas para sus directivos, quizá en organizar algún congreso con todos los gastos pagados o a lo mejor en “tapar agujeros”, que no todo iba a ser glamour.

En la empresa siguieron pensando. Y creyeron que donde más ajustes (recortes no: eso queda feo) podían hacerse era en el trabajo de campo. Total, para hacer las encuestas en los partidos durante los fines de semana, bregando con los aficionados que no estarían muy por la labor en horarios cuanto menos incómodos y marcar las respuestas en los formularios tampoco hacía falta gran cosa. “¡Becarios!“, dijo alguien de repente. Claro. Buscarían entre los estudiantes o recién licenciados, que los había a patadas, y les ofrecerían una beca para enriquecer el currículo al mismo tiempo que aprendían en una de las mejores empresas del sector.

Era el plan perfecto: el estudio de campo les saldría gratis, y además podrían incluir la beca dentro de la memoria de responsabilidad social corporativa que cada año mandaban a los medios y que tan bien sentaba a la imagen de la empresa. Sólo tenían que redactar una oferta de trabajo atractiva y esperar a que les llegaran los currículos: podrían permitirse el lujo de elegir entre una gran variedad de candidatos, tal y como estaba la cosa.

Beca proyecto investigación mercados

NOTA: Todos los hechos relatados son fruto de la imaginación y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

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4 thoughts on “Un pequeño cuento

  1. En una empresa periodística cuyo nombre no debo mencionar, a una becaria que acabó sus prácticas de verano (escasamente) remuneradas le propusieron que siguiera trabajando, sin contrato y sin sueldo, y la gran ventaja que le ofrecían era que “seguiría vinculada a la empresa”. Tan cierto como que lo estoy contando.

    1. Hombre, pues qué quieres que te diga, una ofertaza. Ser “parte de” la empresa, poder decir “trabajo en…”, no me digas que no es emocionante. Lo de comer todos los días ya no se lleva, está desfasado.

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