La historia de «Amazing Grace»

Cuántas veces no habremos escuchado este himno, popularizado a través de numerosas versiones y banda sonora de  emotivas escenas cinematográficas. Sin embargo, su historia se remonta a mucho tiempo atrás y ha experimentado cambios desde su origen hasta nuestros días.

Su autor es el clérigo inglés John Newton (1725-1807), cuya biografía es el germen del que brotó la inspiración para componer ésta y otras piezas de carácter religioso. La vida de este devoto está, como la de otros tantos, llena de contradicciones: durante su juventud y primera madurez fue un camorrista soez y descreído que trabajó como traficante de esclavos. Tras una aterradora tormenta en alta mar en la cual se encomendó a Dios como último recurso (¡Que el Señor tenga piedad de nosotros!, exclamó en mitad de la tempestad), y llevado por algunas lecturas exegéticas relacionadas con la vida de Cristo, cambió de rumbo y terminó por convertirse.

A pesar de su rudeza y su mal carácter (por decirlo suavemente), Newton era un hombre leído. Tras su conversión estudió filosofía, latín, griego y teología; además, siempre había mostrado un gran talento para la composición y la escritura. Sus sermones eran directos, llenos de ejemplos prácticos, cercanos y vibrantes; y junto a ellos compuso una serie de himnos entre los que se encontraba la primera versión de Amazing Grace, cuya primera estrofa puede considerarse autobiográfica.

El himno nació sin música, simplemente para ser recitado en la iglesia. Se propagó a través de recopilaciones para las congregaciones de manera muy particular por Estados Unidos, y más adelante se le incorporó la música de una canción tradicional titulada New Britain. La última estrofa es también un añadido, transmitida oralmente por las comunidades afroamericanas e incorporada en una versión del himno que figuró en La cabaña del Tío Tom, la novela contra la esclavitud de Harriet Becher Stowe.

Después, en los años sesenta del siglo pasado, la canción adquirió tintes reivindicativos en el movimiento por las libertades civiles y la oposición a la guerra de Vietnam. Hoy es un icono popular que, más allá de sus referencias religiosas, hace vibrar por la emoción de su letra y la dulzura de su música. La traducción hace que pierda gran parte de la musicalidad, pero permite apreciar lo vibrante de esta pieza. Espero que os guste.

Aunque hay grandes versiones de este himno (como las de Judy Collins, Aretha Franklin o Al Green), os dejo con la versión de la gran dama del gospel Mahalia Jackson:

AMAZING GRACE

Amazing grace! How sweet the sound
That saved a wretch like me!
I once was lost, but now am found;
Was blind, but now I see.

’Twas grace that taught my heart to fear,
And grace my fears relieved;
How precious did that grace appear
The hour I first believed.

Through many dangers, toils and snares,
I have already come;
’Tis grace hath brought me safe thus far,
And grace will lead me home.

The Lord has promised good to me,
His Word my hope secures;
He will my Shield and Portion be,
As long as life endures.

Yea, when this flesh and heart shall fail,
And mortal life shall cease,
I shall possess, within the veil,
A life of joy and peace.

The earth shall soon dissolve like snow,
The sun forbear to shine;
But God, Who called me here below,
Shall be forever mine.

When we’ve been there ten thousand years,
Bright shining as the sun,
We’ve no less days to sing God’s praise
Than when we’d first begun.

GRACIA SUBLIME

¡Sublime gracia! ¡Cuán dulce es el sonido
que salvó a un desdichado como yo!
Estuve perdido una vez, pero ahora me he encontrado;
estuve ciego, pero ahora puedo ver.

Fue la gracia la que enseñó a mi corazón a temer,
y la gracia la que alivió mis temores;
cuán hermosa se mostró esa gracia
la primera vez que creí.

Muchos peligros, escollos y trampas
he atravesado ya;
es la gracia la que me ha mantenido a salvo hasta ahora
y la gracia me llevará a casa.

El Señor me ha prometido el bien,
su Palabra acrecienta mi esperanza;
Él será mi Escudo y mi Parte del Todo,
mientras la vida perdure.

Sí, y cuando esta carne y este corazón se quiebren,
y la vida mortal termine al fin,
tras el velo obtendré
una vida de gozo y paz.

La tierra acabará derritiéndose como la nieve,
el sol dejará de brillar;
pero Dios, que me envió Su llamada,
estará siempre en mí.

Cuando hayamos estado ahí durante diez mil años,
tan brillantes como el sol,
no tendremos menos días para alabar a Dios
que cuando empezamos a hacerlo por primera vez.

 

Imagen de cabecera: N. Feans
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