El periodismo en tiempos oscuros

Mis sentimientos hacia la profesión de periodista son encontrados. Por un lado, admiro el trabajo de muchos compañeros y no hay nada que disfrute más que un artículo, reportaje televisivo o crónica radiofónica bien hecho: con oficio y honestidad. Pero por otro lado, conocedora del día a día de redacciones y gabinetes, no hay cosa que me disguste más que la rutina tediosa del copia y pega y la rueda de prensa mamporrera (concepto que tomo prestado del gran JRMora, espero que me sepa perdonar).

Ayer fue un día de ésos en los que esta doble corriente de amor-odio me dejó el cuerpo hecho polvo. La Ràdio Televisió Valenciana había anunciado su cierre porque la Generalitat decía no poder asumir el coste de readmitir a más de mil empleados afectados por un ERE declarado nulo por el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana. Tras este anuncio, la cúpula directiva dimitió en bloque y los trabajadores del canal público se hicieron con en control de la emisión.

Durante más de 24 horas, más o menos y si no calculo mal, Canal 9 estuvo emitiendo una programación improvisada en la que los periodistas se dedicaron a reivindicar sus derechos, su trabajo y, entre otras cosas, denunciar el continuado control, censura y manipulación ejercidos por el gobierno autonómico durante años en esta cadena. Y entonces es cuando se me empezó a descomponer el cuerpo con todo este asunto.

Porque fue entonces y no antes cuando empezamos a escuchar verdades en Canal 9, como el vergonzoso silencio informativo tras el accidente del Metro de Valencia en 2006:

Y me parto en dos, porque por un lado es estimulante ver por una vez en este puñetero país que alguien da la cara para pedir perdón y admitir sus errores. Pero por otro lado no puedo evitar preguntarme si no pudo hacerse antes, si todos esos periodistas no pudieron alzar sus voces de otra forma y rebelarse contra una continua imposición por parte de sus jefes.

Entiendo que un periodista pueda trabajar en numerosos medios, de distinto tinte ideológico, más allá de sus creencias personales. Para eso están la profesionalidad, el rigor y la honestidad. Pero me cuesta más comprender ese constante agachar la cabeza durante años y seguir para adelante a sabiendas de que lo que estás haciendo está mal. Aunque ahora dar la cara y explicaciones ennoblezca a esa misma periodista.

No lo sé. Es un tema muy complejo. Cualquiera que haya trabajado en cualquier medio lo sabe de sobra. Y todos, en mayor o menor medida, tenemos nuestros fantasmas en el armario (yo, al menos, tengo alguno aunque sea pequeñito, algún día tal vez hable de ellos). Pero insisto, este caso de Canal 9, con tantísima gente implicada, me parte en dos.

Y ayer, además de todo esto, el periodismo patrio no me echó un cable para recuperarme. Porque, entre otras perlas de la jornada informativa, tuve que ver cómo el señor Lara decía cosas muy importantes en un telediario de su propiedad siguiéndole el juego a los optimistas macroeconómicos que se empeñan en decirnos que todo va estupendísimamente de la muerte; y las aseguradoras vendían su moto en diarios de tirada nacional y noticieros de prime time, para meter el sustito en el cuerpo no vaya a ser que nos dé por pensar que se están forrando a nuestra costa, por no pagar la cuota o (qué sé yo, locurón) reclamar por las condiciones abusivas que a veces imponen. ¿Quién dijo que no había futuro para el periodismo?

Censura(Ilustración de Bruno Aziz.)

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9 thoughts on “El periodismo en tiempos oscuros

  1. Yo lo veo mucho más fácil. Partimos de que si alguien no come, no es libre, porque se mueres. Entonces encuentra una oportunidad de trabajar en un medio y entras él/ella y no otro porque demuestra tragar ciertas cosas. Pues ahora que no llore. En este país de integristas católicos nos han grabado en la mente que con pedir perdón ya se limpian nuestros pecados. “Lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a ocurrir” . “Pido disculpas a mis clientes por haberles vendido preferentes”. “Pedimos perdón a las víctimas del metro”. Pues no. Si has puteado a las víctimas, ahora que la víctima eres tú no me vengas pidiendo empatía. Ahora te jodes. Entiéndeme: no critico tanto el hecho de haber tragado, porque ya dije antes que, aparte de los funcionarios, poquísima gente es realmente libre para elegir dónde trabajar. Lo que critico es que, ahora que las condiciones que aceptaron y por las cuales lograron el curro por delante de otros mejores se vuelven contra ellos, vengan a quejarse. Tú tendrás algún esqueleto en el armario, como dices; pues bien, allí es donde debe quedarse y si lo sacas que sea solo para airearlo, pero no para pedir/exigir nada. Pero de igual forma sabes que si hubieses chupado determinadas pollas (metafóricas o no tanto), posiblemente tendrías un bonito despacho en algún medio o gabinete de prensa.

    1. Hombre, a mí no me cuesta ningún trabajo pedir disculpas cuando se tercia, pero como aquí dar la cara todavía sigue requiriendo ciertas dosis de valentía, por eso lo aprecio (en su justa medida, eso sí). Otra cosa es que, como dices, ahora les toque arrear y tirar para adelante con las reglas del juego que aceptaron jugar. Apretar los dientes y tragarse enteritas las declaraciones de Fabra diciendo que por pagar el ERE no van a cerrar ningún hospital, colegio o “dejar de atender a los más desfavorecidos” (sic).

  2. Pero es que esta gente no está pidiendo disculpas. Esta gente lo que pide ahora es ayuda a los mismos ciudadanos a los que engañaron. Para mí, las disculpas que se presentan cuando te han pillado con el carrito del helado, ya valen poco. La verdadera disculpa es la que se presenta en cuanto cometes el error y sin que nadie te la pida.

  3. Llevo días dándole vueltas al tema y he escrito también sobre ello. Me pasa como a ti, que no sé cómo tomármelo, si aplaudir o mandarles a tomar viento. Pero, claro, como periodista que soy sé de qué va el cuento, porque también me ha tocado tragarme la dignidad profesional en alguna ocasión. De perdidos al río parecen haber decidido los trabajadores de Canal 9. Cuando tenían el sueldo seguro y no peligraba su puesto, ni se planteaban rebelarse ante la manipulación y la censura. Está bien que pretendan limpiarse la conciencia, pero que asuman su responsabilidad y, sobre todo, tomemos nota de una vez no sólo los periodistas sino toda la clase trabajadora: la obediencia y la fidelidad no nos garantizan nada. Cuando el que tiene la sartén por el mango decide que hay que aligerar carga no le tiembla el pulso. Saludos!

    1. No sé por qué, pero en nuestro sector me da la sensación de que hay casi más miedo y más agachar la cabeza que en otros. Será porque lo veo desde dentro. Si para algo me han servido estos meses en la reserva (forzada) es para darme cuenta de lo que ya no quiero en mi vida profesional; y nunca más volveré a pasar por según qué aros, por anchos que sean. ¡Saludos!

  4. Yo no sé si en el contrato de esta gente les aparecía “Votar al PP” para seguir trabajando en la cadena, pero lo que estaban haciendo era enmascarar la verdad cuando se lo pedían, darle la vuelta a las cosas, mentir sin más, poner de vuelta y media a los del otro bando, y me imagino que habrá gente (aunque cada vez menos porque la cadena estaba de capa caída) que se lo creyeron y todo y votaron al PP por eso. Hay personas que creen las cosas que salen en la tele, y nada más que por respeto a ellos uno tiene que ser un profesional, más cuando es tu trabajo. Lo que me fastidia es eso: que al final el periodismo termina siendo la voz del pueblo, los oídos del pueblo y hasta los ojos, y si miran para otro lado y cuentan trolas porque “es que tienen que comer” luego lo paga un país entero. La manipulación puede venir de muy alto, pero al final los que se ponen delante de la cámara son mindundis como los que ahora lloran porque han comido un montón de mierda durante un montón de años y encima les pagan con el despido. Pero lo peores que si uno tiene dignidad, viene otro detrás a comerse el truño antes de que salga del culo del poderoso de turno. Así de solidarios somos, pero me imagino que nos han educado así. La esperanza es que cada vez es más difícil controlar a la opinión pública porque hay muchos modos de informarse (y de desinformarse) que antes. Digo yo que algo cambiará en el futuro. Soy algo optimista.

    1. Mi esperanza es que después de toda esta escabechina aprendamos de una santa vez a no dejarnos manipular ni mangonear por nadie. Pero tal y como lo voy escribiendo me voy dando cuenta de que no será así; o de que los que lo hemos aprendido seguramente no estaremos en este país para ver cómo nacen los puñeteros brotes verdes.

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