Bloody Miami: de vuelta a la locura de Tom Wolfe

Hacía ocho años que Tom Wolfe no nos regalaba una novela. Somos legión sus seguidores, y todos nos entregamos a su causa, a su forma de hacer periodismo y escribir -que en este caso son prácticamente la misma cosa. Y ahora, tras el retrato descarnado del mundo universitario estadounidense que hizo en Soy Charlotte Simmons (2004), nos trae un nuevo fresco envuelto en cientos de páginas culebreantes como una langosta recién sacada del agua.

Desde el primer momento, el libro te sumerge en una vorágine de sensaciones y pensamientos que se desenrollan frenéticos a un ritmo endiablado. Empecé a leer este libro cuando se publicó originalmente en inglés, y he de admitir que lo abandoné tras leer una veintena de páginas: estaba desbordada. Ahora, cuando he retomado la edición en castellano (traducción de Benito Gómez Ibáñez), he comprendido por qué. Es tal la acumulación de recursos estilísticos, onomatopeyas y citas, la mezcla de lenguas (español e inglés, con transcripciones fonéticas de las distintas formas de habla) y el uso de modismos, que incluso leyéndolo en tu lengua materna hay momentos en que tienes que hacer una pausa y descansar.

Durante la lectura volví a la edición original en inglés en varias ocasiones, llevada por la curiosidad de ver cómo se las había apañado el traductor para volcar el espíritu wolfiano al castellano. Incluso leí algunos fragmentos largos en el inglés original, y resultó muy interesante comprobar el uso estilístico que hacía Wolfe de todos esos recursos que he mencionado antes. No soy especialista, pero creo que el traductor ha hecho un estupendo trabajo, aunque me queda una duda. Si el título original es Back to Blood, ¿qué sentido tiene cambiarlo a Bloody Miami dejándolo en inglés? O lo traduces o lo dejas tal cual. Misterios del marketing.

Bloody Miami, una reseña

(Imagen aérea de Biscayne Boulevard, por Elido Turco)

Bloody Miami se disfruta. Mucho. Cuando te vas adaptando al ritmo de la narración te dejas atrapar por las historias y, sobre todo, por los personajes. Sus pensamientos están presentes en todo momento, introducidos por una especie de signo ortográfico que se inventa Wolfe (:::::) y del que se vale para mostrarnos el “pensamiento del pensamiento”. Es decir, la disgresión dentro del monólogo interior; porque en esta novela hay muchas capas de realidad. La evidente, lo que los personajes hacen y dicen; la del pensamiento, lo que están reflexionando mientras tanto; y la de ese monólogo interior, que nos muestra lo que piensan mientran reflexionan mientras hablan. Y todo esto, en un microcosmos (el de Miami) donde a su vez danzan personajes en círculos sociales distintos pero conectados como vasos comunicantes.

Siempre que puedo me gusta acercarme a los libros que leo sin ninguna información previa. No quiero saber si el autor lo escribió durante una crisis de madurez o si viajó por los siete continentes para documentarse. En este caso, no sabía nada del proceso creativo de Wolfe, pero conociéndole y conforme leía sabía que Bloody Miami es fruto de una minuciosa investigación periodística. Los agradecimientos finales me lo confirmaron, y algunas informaciones que he leído después lo han corroborado: hizo cientos de entrevistas y recorrió toda la ciudad con todo tipo de cicerones. Cuenta que quiso hablar de la inmigración y para ello escogió como escenario “la única ciudad que está dominada políticamente por gente de otro país que habla otro idioma que no es el inglés y tiene una cultura distinta, algo que lograron en las urnas no mediante un ataque“.

Wolfe coge toda esa realidad y la estira, la estira, la estira, hasta ofrecernos una mirada divertidísima pero nunca deformada hasta el punto de no reconocerla. Bajo los histriónicos personajes y sus desmesuradas reacciones entrevemos la verdad de una ciudad que es mucho más que palmeras y playa. Es una novela con alma de reportaje que seguro disfrutarán todos los seguidores de este grande del periodismo americano.

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7 thoughts on “Bloody Miami: de vuelta a la locura de Tom Wolfe

      1. Nunca lo he leído, pero aún no soy lo suficientemente mayor como para no empezar… Ay, la dentadura postiza…

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