Selfie de la estupidez humana

Como el puente ha sido largo pero no he tenido apenas tiempo de sentarme, el repaso semanal a los medios habrá de esperar hasta otro día. Pero al hilo de una nota aparecida en El Mundo, sobre la historia del matrimonio polaco que se despeñó por un acantilado mientras intentaban hacerse el mejor autorretrato(*) posible a la vista de sus dos hijos, redactada con un poco de mala baba y en la que hacen un pequeño repaso por la tontería reinante en estos días esclavos de los teléfonos inteligentes, no he podido resistirme a una pequeña reflexión. No es muy original, ya me disculpo de antemano.

Selfie
Imagen de Kevin Dooley

Allá va: los seres humanos somos estúpidos. Somos los únicos animales capaces de apreciar la belleza per se, aunque no tenga ninguna aplicación útil más allá de hacernos sentir felices o inspirados, y sólo sabemos sacar un teléfono móvil para hacerle fotos borrosas y vídeos inútiles que casi nunca veremos. Y si los vemos, a menudo será en un entorno donde molestemos todo lo necesario a quienes nos rodean con la exposición pública y ruidosa de nuestra triste belleza enlatada: en un bar, en el banco de un parque, en un vagón de metro o en una butaca de teatro (¿por qué no? Ya puestos…). Somos tan estúpidos que ni siquiera pudimos disfrutar de esa belleza en el momento en que la tuvimos al alcance, porque estábamos ocupados registrándola compulsivamente.

En fin, ya sé que el tema no es precisamente original, pero es lo que toca esta semana. Ah, eso y la importante noticia que acabo de ver desfilando por el cintillo del 24h: «Cifuentes, más fuerte y sin miedo casi a nada un año después del accidente». Y yo, pues más tranquila me he quedado, oye.

(*) El autorretrato también se conoce como selfie, aunque si ninguno de los dos vocablos os convence, podéis optar por hacerse una arretrataúra. A lo mejor así se nos va quitando algo de tontuna de encima.

Imagen de cabecera: davejdoe
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4 thoughts on “Selfie de la estupidez humana

  1. En mi querido Pirineo Aragonés un verano se mataron al menos dos personas. Todavía no existían los móviles, pero sí las cámaras de las que había que revelar las fotos. Total, que uno se mató por asomarse más de la cuenta en la resbaladiza roca donde salpicaba el agua de una preciosa cascada. El segundo se mató, pocos días después, por querer ver dónde se mató el primero.
    Sí, somos estúpid@s (algun@s más que otr@s).
    Saludos.

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